viernes, 8 de mayo de 2009

Observar


Y al despertar me dí cuenta que me encontraba solo en un cuarto desconocido, algo que jamás había visto, rodeado de artefactos que por algún motivo me parecían familiares, segundos después alguien preguntó por mi, era una persona mayor que quería un favor mío, sin reprochar nada asentí con la cabeza silenciosamente mientras esa persona reconocía mi silencio como una aceptación al favor mencionado.

Volví a despertar, me sentí más solo que nunca, me encontraba en las afueras de la ciudad, abandonado, recordé que solo tenía un ojo y que éste estaba perdiendo la visibilidad. Recordé que había conseguido un poco de comida de la noche anterior urgando en la basura, los desperdicios del restaurante son muy sabrosos, al menos las personas opulentas sabe que si ingieren de más alimentos tendrán problemas cardiacos, en este futuro la comida hace más daño que los propios desechos.

Un bocado, después de otro, un suspiro, no distinguí entre la basura lo que era comida, solo tenía hambre, casi al finalizar mi desayuno meridiano escuché a lo lejos las sirenas, eso significaba que tenía que esconderme, ya que si me encontraban los guardianes de la ciudad me apresarían, torturarían y me desmembrarían dejándome sufrir hasta morir del dolor como lo habían hecho con mis compañeros de basura. Huí hasta esconderme bien, protegiéndome con aluminio para no ser detectado por los perros que podían ver más allá de las construcciones, fue difícil pero lo logré.

3 comentarios:

PROFESOR ZOVEC dijo...

Buena historia.....
ultimamente la comida està sobrevalorada.

Baltazar dijo...

En especial cuando te puedes encontrar con algún virus...

Sender Eleven dijo...

La chinga a de ser conseguir el postre.