domingo, 6 de julio de 2008

Verdadero origen del mariachi

Viendo Discovery Channel, se presentaba algo así como un programa en el que presentaban el Mariachi, hace tiempo había escuchado en las noticias sobre el origen del mariachi que no era en Jalisco sino en Nayarit. Buscando en google encontré este artículo que viene de una revista.

http://www.alternativamusical.com/mariachi-origen-y-destino/


Hace casi 25 años, el antropólogo Jesús Jáuregui comía pescado zarandeado en una playa nayarita. Junto con la brisa fresca y el rítmico vaivén de las olas llegó a sus oídos una lejana melodía acompañada de una dulce voz. Interrumpió su comida y se acercó al grupo que tocaba. La música lo envolvió y, por un momento, Jáuregui se olvidó del motivo que lo llevó a ese paraje: una investigación de campo sobre temas de economía, política y parentesco en ejidatarios tabacaleros.

La dulce voz provenía de un personaje que rondaba los ochenta años y quien le habló de la feria que se celebró en la localidad a principios del siglo XX. Durante todo el año la población esperaba el acontecimiento, en el que lo más importante era bailar sones en la tarima con la música de los mariachis.

¡Qué bonitas campanitas / se tocaban en Tepic! / Ahora repican en mi alma, / acordándome de ti. En ese apartado ejido costeño, Jáuregui escuchó un mariachi “de los de antes”. Fue entonces que el antropólogo cambió el tema de su investigación. Se dedicó a rastrear el origen del mariachi, sus cambios y también su evolución.

El investigador localizó a los mariachis que todavía sobreviven en el altiplano nayarita. Los grabó, y con ello reunió un valioso no sólo del género musical, sino de los intérpretes originales de esas piezas.

¿El mariachi es de Cocula y de Tecatitlán los sones? Según fuentes escritas, apunta Jesús Jáuregui, es a partir del siglo XVIII que se puede hablar de los géneros del mariachi, pero la palabra aparece escrita hasta el siglo XIX como topónimo, es decir, como nombre de lugar.

La referencia más temprana del vocablo se localizó en un documento de 1832 para designar el nombre de un rancho en Nayarit. En esa misma región se encontró otro documento fechado en 1852, en el que se habla de los mariachis refiriéndose a los fandangos; en 1859, en Tlalchapa, Guerrero, el término está plasmado para designar a un grupo de músicos; en Coalcomán, Michoacán, se ubicó en 1870 para referirse a la música, y en 1890, en la zona de Santiago lxcuintla, Nayarit, para describir las tarimas sobre las que se zapateaban los sones. En total, se han identificado en el norte de Nayarit y el sur de Sinaloa cinco ranchos del siglo XIX llamados Mariachi.

Musicalmente hablando, el mariachi tradicional tiene dos grandes géneros musicales: uno para los vivos —sones y jarabes— y otro menos conocido por los mexicanos, para los santos y difuntos: los minuetos, adaptaciones de los europeos que llegaron a México en el siglo XVIII. Actualmente hay una sola microrregión dentro de la zona del mariachi que mantiene claramente el estilo barroco del XVIII para tocar minuetos: la de los coras. En todas las demás, los mariachis evolucionaron y se transformaron.


En sus andares por tierras coras y hui cho-les, Jáuregui logró reunir más de 60 referencias sobre el mariachi del siglo XIX. Además localizó testimonios gráficos, entre los que encuentran fotografías de “la fiesta porfiriana en que, por primera vez, se disfrazó a los mariachis de charros” y el dibujo de una boda de 1892 en Tepic, donde aparece un “mariachi con trompeta”. En 1897, en Tecalitlán, Jalisco, Gaspar Vargas, guitarra de golpe o mariachera, fundó el mítico e internacional Mariachi Vargas de Tecalitlán

En 1907, en el estado de Jalisco se dispuso que un grupo musical, al que se nombró Orquesta Mariachi, amenizara la fiesta ofrecida al secretario de Estado de Estados Unidos. Se trataba de dos conjuntos mariacheros reunidos para integrar un grupo grande, como contrapunto a las orquestas típicas que ya existían.

Durante mucho tiempo, el mariachi fue despreciado sobre todo en Guadalajara y Michoacán. En este último estado llegaron a prohibirlo en vista de que tocaba en sitios aparatados y las fiestas podían derivar en situaciones peligrosas.

De acuerdo con Jáuregui, en este periodo comenzó la producción masiva de discos de mariachi; entonces los grupos tocaban su música, pero también tenían que satisfacer a un público más amplio. Se empezaron a diseñar piezas de corte campirano, compuestas en la ciudad pero dirigidas a la gente del campo y los inmigrantes de las ciudades. Se estableció una duración estandarizada de sus ejecuciones, siendo que tradicionalmente los mariachis alargaban o acortaban las piezas según su estilo.

Músicos de nota adecuaron los sones, la trompeta se incorporó como instrumento canónico y, finalmente, los mariachis se convirtieron en intérpretes del estilo bravío.

La transformación definitiva tuvo lugar en 1940, cuando los músicos se integraron al elenco de las películas sobre el mítico campo mexicano, para las que expresamente se compusieron canciones de corte jalisciense. Entonces se creó la imagen de los mariachis como músicos charros, acompañantes del charro cantor.

De tradición regional, el mariachi pasó a ser un gusto nacional, ajustado a un contexto distinto. En la década de los noventa se internacionalizó de manera definitiva.

Hoy, los mariachis no sólo se encuentran en Jalisco y sus alrededores, sino que se extienden por todo el territorio de México —e incluso de Estados Unidos— y representan para muchas familias su sustento fundamental. La tradición de escuchar a estos grupos no pasa de moda, ya que su música es apta para todo momento.

¡AY MARIACHI!

Hay quienes aseguran que la palabra mariachi, de origen coca, proveniente del náhuatl, alude al canto y la alegría con profundas raíces autóctonas.

No se sabe con precisión cuándo apareció exactamente la palabra, aunque determinados investigadores del tema aseguran que en Cocula vivió una cantante llamada María C., cuyo nombre fue derivando en María Ce y luego en María Che.

Otro apunte proviene de la flora jalisciense, concretamente de un árbol llamado mariachi, en tanto que en la costa central de su vecino estado, Nayarit, un ranchero llamado Victoriano Roa inscribió en 1825 su propiedad con igual nombre.

Además, en varios documentos legales de las notarías de Tepic aparece el término. También se encontró una carta de 1848 escrita desde la iglesia de una comarca por el párroco al arzobispado, en donde se relata un escándalo provocado por la presentación pública de un grupo mariachi.

Una de las historias sobre el origen de su nombre es que estas bandas inicialmente sólo tocaban en las bodas o manadas, término este último que derivó de la palabra francesa manáge.

Este supuesto se basa en el mito de que en los tiempos de la Intervención Francesa (acaecida en 1862), a una boda de rancheros en un poblado de Jalisco llegaron unos soldados franceses, quienes sorprendidos ante tal jolgorio, en el que los músicos tenían un papel muy importante, preguntaron sobre aquella fiesta. El interlocutor lógicamente contestó: “C’est un mariage” (”Es una boda”), y así fue como los franceses denominaron al conjunto musical. Para el investigador Jesús Jáuregui, la hipótesis galicista se comenzó a manejar desde las primeras presentaciones radiofónicas en la ciudad de México del mariachi de Concho Andrade precusor de estas agrupaciones en la capital.

CIEN AÑOS DE SONES

El 16 de septiembre de 2007, el internacional Mariachi Vargas de Tecalitlán cumple 110 años. Gaspar Vargas (guitarra de golpe o mariachera), Manuel Mendoza (arpa de madera) y Lino Quintero y Refugio Hernández (violines) integraron el célebre conjunto.

En 1923 se incorporó otro violín, el de Silvestre Vargas, hijo de don Gaspar. Diez años más tarde este grupo iniciaría su camino dorado. “En 1933 ganamos el primer lugar de un concurso local y un año más tarde triunfamos en un concurso nacional”, cuenta Pepe Martínez, actual director artístico.

Entre sus múltiples seguidores se distinguió el ex presidente Lázaro Cárdenas, quien los contrató como mariachi oficial para llevar su música al pueblo en parques y jardines públicos de la ciudad de México.

En 1944, Rubén Fuentes Gasson se integró a la agrupación, primero como ejecutante y luego como productor, arreglista y director musical.

Desde los años setenta, este mariachi es conocido como el mejor del mundo. La Reina Isabel, el Príncipe Carlos, el Rey Juan Carlos y el Papa Juan Pablo II, entre otras personalidades, han disfrutado su música.

El grupo ha viajado por todo el mundo… y no se detiene. Y es que, según refiere Pepe Martínez, el mariachi representa todo: alegría, tristeza, amor, desamor, así que “es para todo momento”.

Juan Antonio Oseguer
Revista MB México

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